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El presente estudio tiene como objetivo cuantificar y analizar el efecto del crecimiento en superficie del cultivo de agave azul sobre la deforestación, cambio de patrón de cultivo y erosión del suelo en Autlán de Navarro, Jalisco. En los últimos 20 años, este cultivo se ha extendido de forma intensiva impulsado por la demanda de la industria tequilera y el aumento del precio del kilo de piña de agave ($21.00 a $30.00 pesos entre 2021 y 2024). Mediante censo del parcelado se compararon plantaciones de agave azul de empresas tequileras y agricultores, registrando cambios en el patrón de cultivo y deforestación, principalmente de selva baja caducifolia, presencia de arvenses, presencia de enfermedades e indicios de erosión del suelo (evaluación visual). Los resultados mostraron una tasa de deforestación del 39.7%, la conversión del patrón de cultivo representó 82%, 73% de las parcelas se aplicó herbicidas, 60% presentaron enfermedades tratadas con insecticidas como imidacloprid y 90% mostraron erosión moderada a severa. Se observaron diferencias significativas (p= 0.05) en el manejo entre compañías y agricultores. Se concluye que la expansión del agave azul ha propiciado el cambio de patrón de cultivo (hortalizas, maíz y pastizales por agave azul) y deforestación, que responde a la volatilidad del mercado y falta de contratos para la venta de la plantación.
Agave tequilana Weber., consejo regulador de tequila, erosión del suelo.
La deforestación es un proceso que implica convertir bosques en pastizales o agricultura ( Gómez-Pompa y Burley, 1991 ; Camacho-Sanabria et al ., 2015 ; Aghsaei et al ., 2020 ), que provoca el aumento de la escorrentía superficial y producción de sedimentos ( Demissie, 2022 ), la destrucción de hábitats y amenaza de especies endémicas ( Aka et al ., 2022 ). A nivel internacional México lidera la deforestación de selvas y bosques de montaña ( CONAFOR, 2020a ; CCMSS, 2024 ).
Siendo el estado de Jalisco un ejemplo donde se desmonta para agricultura convencional ( CONAFOR, 2020b ), en el caso específico de establecer plantaciones extensivas de agave azul desde 1996 ( Vélez et al ., 1996 ) o para la búsqueda de nuevas superficies con diferentes climas para este fin ( CRT, 2000 ). Esto transforma agroecosistemas y altera patrones de cultivo ( Ruíz et al ., 2002 ; Valenzuela y Gaytán, 2009 ). Actividad que, para el estado de Jalisco, es potenciada por la denominación de origen del tequila (DOT), la certificación de las plantaciones, la demanda internacional del tequila y el establecimiento de nuevas empresas ( CRT, 2000 ).
Para la región Sierra de Amula, Jalisco, el agave azul emergió como alternativa económica a inicios de 1990, con crecimiento acelerado de propietarios privados de parcelas y su arrendamiento ( Gerritsen et al ., 2011 ). El arrendamiento fomenta el monocultivo y reduce prácticas sustentables ( Herrera-Pérez et al ., 2018 ), contrastando con el sistema de manejo convencional ( Herrera-Pérez et al ., 2017 ).
El objetivo es cuantificar y analizar el impacto del crecimiento de la superficie de agave azul proyectadas en el manejado del parcelado por empresas y agricultores, motor de la deforestación, cambio de patrón de cultivo y degradación del suelo.
El estudio se desarrolló en el municipio de Autlán de Navarro, Jalisco, ubicado en la región Sierra de Amula entre las coordenadas 19° 34’ 30” a 19º 53’ 45” norte y 104° 07’ 00” a 104° 27’ 35” oeste ( Figura 1 ), tiene una superficie de 962.90 km2 y rango altitudinal sobre el nivel del mar de 900 a 2 700 m.
La identificación de la superficie de agave azul en el municipio de Autlán de Navarro fue mediante el muestreo georreferenciado de cada parcela durante 2023 y complementado con registros históricos del SIAP-SADER, consejo regulador del tequila (CRT) y municipales.
Proyectado sobre los Sistemas de Información Geográfica (SIG); a través, de la sobreposición del parcelado en la clasificación supervisada de las imágenes de uso del suelo serie VI (INEGI, 2017) para identificar el cambio de patrón de cultivo, deforestación y rangos de pendientes mediante la creación de modelos digitales de elevación a partir de coberturas con formato vectorial Shape, apoyado de programas Excel, Arc-View v.3.1 y digitalizados en Arc-Info v.3.1 e Idrisi v.3.2. para Windows y Surfer v.8 ( Eastman, 1992 ) resolución de 20 m x 20 m.
La identificación del tipo de suelo se basó en la carta edafológica (INEGI, 1976). Para estimar el cambio de patrón de cultivo y deforestación se utilizó la relación:
T= tasa de cambio de patrón de cultivo y deforestación (%); lnA= superficie del año actual (ha); lnB= superficie del año anterior (ha); n= diferencia de años entre A y B.
Durante el censo del parcelado de agave azul se identificó y comparó de forma visual aquellas manejadas por empresas tequileras y agricultores, en consideración al nivel de erosión en las categorías: leve (no manifiesta), moderada (erosión laminar, acumulación de sedimento en partes bajas) y severa (formación de cárcavas).
Se identificó la presencia o ausencia de arvenses y mediante el muestreo aleatorio ( Arista-Carmona et al ., 2023 ) las enfermedades (daño), plagas (detección de adultos, larvas, galerías activas, exudados o daño fresco en la base o el cogollo. Además de las prácticas culturales (eliminación de arvenses y desahije) y uso de maquinaria. Se aplicó una chi-cuadrado y separaciones de medias de Tukey con α= 0.05, empleando el programa SAS v.9.4.
De los registros del SIAP-SADER y el CRT en el 2021 la superficie registrada de agave azul en la región de DOT fue de 210 000 ha (73% en Jalisco) incrementándose para el 2023 a 413 870 ha.
Para la región Sierra de Amula en donde se ubica el municipio de Autlán de Navarro, el incremento de las plantaciones de agave azul desde 1996 obedeció al pago ofrecido por kilo de la piña de agave de $17.00 pesos, que incentivó a los agricultores a plantar extensivamente de forma independiente, pero con desconocimiento del manejo agronómico ( Guevara et al ., 2024 ) o arrendar sus parcelas para tal fin. Herrera-Pérez et al . (2018) identifican que el arrendamiento fomenta monocultivos con prácticas no sustentables, condición de manejo que Moreno-Hernández et al . (2011) identificaron para la región Sierra de Amula. Con base a los datos históricos del SIAP-SADER se estimó el crecimiento de la superficie plantada a una tasa promedio 18%.
La superficie de agave azul reportada por el SIAP-SADER (2020)en la región Sierra de Amula, superó las 40 000 ha en 2019. El precio de compra de piña fluctuó entre el año 2021 a 2024 en $30.00 pesos kg-1, hasta verse reducido entre $3.00 y $5.00 pesos a finales de 2024. Basados en datos históricos del SIAP-SADER se identifica que el agave azul en Autlán de Navarro es uno de los cinco cultivos base del desarrollo económico, con tasas de crecimiento hasta 48% según el precio industrial ( Figura 2 ).
Debido a la ausencia de contratos de compra-venta de la producción de agave azul por los agricultores o su registro ante el CRT, propició que la superficie plantada por ellos no fuera considerada en los registros oficiales ante el Centro de Apoyo al Desarrollo Rural (CADER-SADER), a diferencia de aquellas manejadas por las compañías.
Situación que puede generar discrepancias con la superficie reportada en la presente investigación con relación a los datos oficiales. Debido al establecimiento extensivo de las plantaciones de agave azul en Autlán de Navarro, se reconoce ausencia de planeación para su establecimiento ( Guevara et al ., 2024 ).
De la base de datos generada, se reconoce que las plantaciones de agave azul en el municipio fue establecido sobre diversos tipos de suelos principalmente Feozem (63.4%), Vertisoles (21%) y Regosoles (11.34%), y en condiciones topográficas heterogéneas (planicies o laderas), más del 50% del parcelado combina dos o más rangos de pendiente, principalmente 0 a 5% (correspondiente a zonas abiertas) y que se traduce en cambio de patrón de cultivo de hortalizas, maíz o pastizales por agave azul ( Figura 3 ) el restante se establece en pendientes >10% ( Cuadro 1 ) información que al ser sobrepuesta sobre imágenes de uso de suelo y coberturas refleja la deforestación de SBC principalmente.
Propiciando suelos erosionados al modificar sus propiedades hidráulicas ( Tena et al ., 2019 ; Aghsaei et al ., 2020 ), además de fragmentar los hábitats ( Bogaert et al ., 2008 ). La estimación de las tasas de cambio patrón de cultivo a plantaciones de agave azul fue de 42.4% considerando las zonas abiertas con rango de pendiente de 0 a 5%, deforestación de SBC 39.7% y 1.4% zonas urbanas ( Figura 4 ).
De 793 parcelas muestreadas, 265 fueron manejadas por compañías, caracterizadas por la ausencia de arvenses en 93.5%, condición que incrementó la erodabilidad del suelo, registrando 18 parcelas con erosión leve (68.33 ha), 154 moderada (653.53 ha) y 93 fuerte (356.08 ha), estas últimas en etapa de jima. De 528 parcelas manejadas por agricultores, 54% no presentaron arvenses lo que representó mayor uso de herbicidas, 200 presentaron erosión leve (479.5 ha), 289 moderada (664.97 ha) y 39 fuerte (140.73 ha) ( Figura 5 ).

Con base a Guevara et al . (2024) ; García-Montoya et al . (2021) reconocen que el proceso de deforestación y cambio de patrón de cultivo favorece el incremento de la escorrentía superficial y pérdida de suelo.
Las condiciones fitosanitarias del parcelado manifiestan mancha foliar ( Botryodiplodia sp. Theiss. y H. Syd), pudrición de raíz ( Fusarium oxysporum Schltdl) y mancha negra ( Rhizoctonia solani Kühn) en 62% de parcelas de compañías y 79% de agricultores. La densidad del picudo del agave ( Scyphophorus acupunctatus Gyllenhal) no superó 15% por parcela.
Los resultados indican que las plantaciones presentan condiciones heterogéneas de manejo ( Cuadro 2 ) reflejando ausencia de criterios unificados de sustentabilidad como el establecimiento de surcos al contorno, pese a la certificación reconocida a nivel internacional del cultivo agave azul y por el CRT, emblema agrícola, cultural y económico más importante de México.
Con relación al uso de herbicidas entre parcelas manejadas por las empresas y los agricultores se encontraron diferencias significativas (p< 0.05). Las parcelas de agricultores presentan una distribución balanceada (54% si emplean herbicidas y 46% no), a diferencia de las compañías que muestran marcada preferencia por el uso de herbicidas con 94%.
La prueba Chi-cuadrado confirmó diferencia (χ²= 115.4, gl= 1, p< 0.001). No obstante, existe similitud en degradación y problemas fitosanitarios entre grupos, sin considerar límites ejidales ( Cuadro 3 ).
| Comparación | Diferencia de medianas | q | p-valor ajustado | Significativo (α= 0.05) |
|---|---|---|---|---|
| Moderada vs Leve | 100 | 5.056 | 0.012 | Sí |
| Fuerte vs Leve | 4 | 3.528 | 0.089 | - |
| Moderada vs Fuerte | 6 | 2.45 | 0.21 | No |
La prueba post-hoc (Tukey) mostró diferencias significativas solo entre erosión moderada y leve (diferencia de medianas= 10; p= 0.012). No se encontraron diferencias significativas entre fuerte vs leve (p= 0.089) ni entre moderada vs fuerte (p= 0.21) ( Cuadro 3 ).
Por otro lado, la prueba de Chi-cuadrado indicó una asociación significativa entre el tipo de productor y el nivel de erosión (χ²= 78.21; gl= 2; p< 0.001). Chuma et al . (2021) señalan que los cambios en el patrón de cultivo impactan linealmente en elevadas tasas de erosión del suelo.
En este sentido, el uso de herbicidas (glifosato, paraquat, hexazinona y diurón) mostraron una fuerte asociación con la degradación del suelo (χ²= 210.34; gl= 2; p< 0.001), particularmente en parcelas sin maleza y con erosión moderada, lo que evidencia que eliminar la cobertura vegetal es un factor determinante en el proceso.
El 60% de la superficie muestreada (617 parcelas, equivalente a 1 720.79 ha) presentó un rango de edad del cultivo de 3 a 4 años. Este dato subraya la necesidad de planificar la renovación de plantaciones para reducir los picos de oferta y demanda, como medida de estabilización del mercado, con base en principios de economía agrícola ( FAO, 2018 ).
Esta condición es particularmente crítica para los agricultores independientes, ya que el 88% de sus parcelas se concentra en dicho rango, que reportan dificultades de comercialización por ausencia de contratos de compraventa o falta de precios de garantía, lo que ha derivado en el abandono de sus parcelas. Esta tendencia sugiere que las plantaciones de los agricultores fueron establecidas por una necesidad económica y por imitación de los modelos productivos de las compañías
Esta problemática observada en Autlán de Navarro es consistente con lo reportado por Quesada-Román y Díaz-Bolaños (2019) , quienes reconocen que la modificación del paisaje por actividades agrícolas, sumada a la mala gestión de políticas ambientales, fomenta elevadas tasas de deforestación. Dicha situación, ante la expansión desordenada del agave azul en la región de DOT sin planeación territorial ni consideración de la capacidad de uso del suelo, ha generado impactos ambientales que comprometen la sustentabilidad de la industria tequilera ( Guevara-Gutiérrez et al ., 2024 ).
Además, la ausencia de una regulación efectiva por parte de los gobiernos y la falta de correspondencia entre la certificación, el CRT y la ausencia de prácticas sustentables perpetúan este modelo extensivo y degradante.
La expansión del agave azul en Autlán de Navarro se asoció con un cambio de patrón de cultivo y deforestación de selva baja caducifolia.
Se encontraron diferencias en el manejo entre compañías y agricultores. Las compañías priorizan el control químico, lo que se asocia con mayores niveles de erosión del suelo. Los agricultores presentan un uso más moderado de herbicidas y una mayor proporción de parcelas con erosión leve.
La eliminación de la cobertura vegetal (arvenses) mediante herbicidas mostró asociación con la degradación del suelo, particularmente en parcelas con erosión moderada.
Con base en estos resultados, se recomienda que futuros estudios evalúen la relación entre prácticas de manejo, erosión y deforestación, así como el diseño de estrategias diferenciadas según tipo de productor.
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