elocation-id: e3880
El arándano (Vaccinium spp.) es un fruto con reconocidas propiedades medicinales, rico en antioxidantes, vitaminas y fibra, lo que ha impulsado su demanda global. Sin embargo, el cultivo enfrenta ciertos desafíos como la ‘muerte regresiva’ por el hongo Lasiodiplodia spp., que puede reducir gravemente la producción. Para mitigar esta enfermedad, la poda regular es esencial, mejorando la circulación del aire y la penetración de luz solar, creando un ambiente menos favorable para los hongos. El objetivo de investigación fue determinar los efectos del manejo de poda sobre la incidencia de Lasiodiplodia spp., en el cultivo de arándanos (Vaccinium corymbosum L.) var. Biloxi. El estudio se realizó en Piura, Perú, en el año 2022 y se evaluaron diferentes tratamientos de poda en plantas afectadas por Lasiodiplodia spp., aplicando un DCA con cinco tratamientos y un control, con tamaño muestral de doscientas plantas, además de la prueba de Duncan para comparación de efectos. Los resultados mostraron que podas más agresivas, que eliminaban más hojas y tirasavias, resultaron en un mayor crecimiento de brotes debido a la capacidad de las plantas para regenerarse ante el estrés severo, estimulando una mayor producción de hormonas de crecimiento como las citoquininas. Adicionalmente, las plantas con podas agresivas mostraron mayor incidencia de Lasiodiplodia spp. y sugiere los tratamientos T1 y T0 como las opciones más equilibradas. Se concluyó que una combinación de técnicas de poda es fundamental para mantener la salud los cultivos de arándano frente al ataque de Lasiodiplodia spp.
Vaccinium corymbosum, cancro, control cultural.
El arándano es un fruto pequeño, redondo y de color azul oscuro que pertenece al género Vaccinium, reconocido por sus excepcionales propiedades medicinales; además, es rico en antioxidantes, especialmente antocianinas, que contribuyen a la prevención de enfermedades cardiovasculares y el fortalecimiento del sistema inmunológico (Ávila-Román et al., 2021). Adicionalmente, su alto contenido en vitamina C y fibra lo convierte en un alimento ideal para mejorar la digestión y la salud ocular (Gutiérrez-Rodas, 2022). Gracias a estos beneficios nutricionales, la creciente demanda de arándanos se debe a su reputación como superalimento, lo que ha impulsado su consumo global por parte de personas que buscan una dieta saludable y preventiva (Tinoco-Plasencia et al., 2023).
Desde 2020, la producción de arándanos ha crecido considerablemente, generando mayores ingresos para los productores gracias a la expansión de mercados internacionales, especialmente en China, Estados Unidos de América y Europa. La mejora en técnicas agrícolas y la adopción de nuevas tecnologías han incrementado la eficiencia y calidad de los cultivos, haciendo del arándano una opción rentable de inversión (INEI, 2023). Con relación al manejo del cultivo de arándano, este se caracteriza por requerir condiciones específicas asociadas a los aspectos edafoclimáticos. En este sentido, el cultivo exige suelos con un pH ácido que debe oscilar entre 4.5 y 5.5, además de una buena aireación y una estructura edáfica que permita el drenaje óptimo para evitar problemas radiculares (Meléndez-Jácome, 2021).
El aspecto climático también juega un rol clave en el cultivo de arándano. Se ha evidenciado que esta especie vegetal tolera temperaturas entre 7 y 33 °C; sin embargo, para un crecimiento óptimo, se requieren rangos de 16 a 25 °C; por ello, es importante que el asentamiento del cultivo se ubique en zonas que permitan mantener estos parámetros (Ormazábal et al., 2020). En el ámbito peruano, el cultivo de arándanos en Piura enfrenta estrés por altas temperaturas y radiación, factores que han sido reportados en diversas regiones del país, alcanzando niveles críticos de radiación UV-B en determinadas épocas del año (SNMHP, 2024). Estas condiciones hacen al cultivo más vulnerable a enfermedades fúngicas, siendo la más grave causada por Lasiodiplodia spp., provocando muerte regresiva y cancro del tallo (Polanco-Florián et al., 2020).
En adición a lo mencionado anteriormente, la poda inadecuada puede contribuir al desarrollo de la muerte regresiva. Así, algunos estudios establecen que la poda, si se realiza sin considerar la condición fisiológica de la planta o sin desinfección adecuada, incrementa significativamente la incidencia y aunque se han empleado técnicas como poda sanitaria, aplicación de Trichoderma, fungicidas y manejo del riego y sales, persisten fallas en el control, lo que evidencia un vacío en el conocimiento sobre el efecto específico de los niveles y tipos de poda en la progresión de la enfermedad (Rodríguez-Gálvez et al., 2020; Aguilar-Anccota et al., 2024).
Por otro lado, la muerte regresiva puede causar pérdidas significativas en los rendimientos, llegando a afectar gravemente la producción en casos severos. Las plantas infectadas muestran síntomas como necrosis de las ramas y frutos, lo que disminuye tanto la calidad como la cantidad del producto final, generando así pérdidas económicamente considerables para los agricultores; esto responde a que, al afectarse la zona vegetativa de la planta, disminuye su capacidad para generar fotosintatos importantes para la correcta fructificación (Flores Hernández et al., 2021).
Basándose en lo anterior, una práctica agronómica clave para mitigar los efectos de Lasiodiplodia spp., en los cultivos, es la poda regular y adecuada. La poda coadyuva a mejorar la circulación del aire y la penetración de la luz solar en el dosel de la planta, lo que reduce la humedad y crea un ambiente menos favorable para el desarrollo de hongos. Además, la eliminación de ramas y frutos infectados puede limitar la propagación de la enfermedad dentro del cultivo (Polanco-Florián et al., 2020; Morales-Pizarro et al., 2023). Asimismo, es fundamental realizar la poda de manera adecuada. Si esta práctica se lleva a cabo en momentos inapropiado, como periodos de estrés hídrico o temperaturas extremas o con herramientas no idóneas, se generan heridas en los órganos vegetales que pueden facilitar la entrada de patógenos, aumentando el riesgo de infección muerte. Esta situación debilita a la planta y puede llevarla, incluso, a la muerte (Sallesses et al., 2023; Maticorena-Quispe y Escobedo-Álvarez, 2024).
A la luz de los planteamientos expuestos, surge la siguiente interrogante: ¿de qué manera influye el tipo de poda en el control de Lasiodiplodia spp. en el cultivo de arándano? Por ello, el objetivo de esta investigación se orientó en determinar los efectos del manejo de poda sobre la incidencia de Lasiodiplodia spp., en el cultivo de arándanos (Vaccinium corymbosum L.) var. Biloxi.
Desde el enfoque metodológico, la investigación fue de tipo cuantitativo, con un diseño experimental orientado a describir y analizar los efectos de los tratamientos aplicados.
El estudio se desarrolló en el fundo del Consorcio Carsol JRM SAC, ubicado en la provincia y departamento de Piura, Perú, en un área dedicada al cultivo de arándano y cuyas coordenadas son latitud: -12.166111 y longitud: -77.003333 (Figura 1). El tamaño muestral para la investigación fue de 200 plantas.
De acuerdo con lo reportado por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (2020), la temperatura en Piura presenta los niveles más altos en los meses de febrero y marzo (34.1 °C), la temperatura más baja se da en los meses de julio, agosto y setiembre (17.1 °C), mientras que la precipitación evidencia la mayor intensidad en el mes de marzo de 65.5 mm mes-1 (Figura 2).
Para el propósito de la investigación, se utilizaron plantas de arándano adultas (Vaccinium corymbosum L.) var. Biloxi de tres años, establecidas en campo y afectadas por Lasiodiplodia spp., la cual fue identificada al realizar un diagnóstico morfológico y aislamiento en laboratorio de la parte afectada. Los análisis confirmaron la presencia del género Lasiodiplodia, predominando Lasiodiplodia theobromae, especie ya reportada como la más común en cultivos de arándanos afectados por esta enfermedad en diversas regiones del Perú (Rodríguez Gálvez et al., 2020).
Las podas se realizaron en el mes de octubre del año 2021 y el estudio se desarrolló en las semanas siguientes a esa práctica. Asimismo, se establecieron tratamientos, los cuales se diferenciaron según el tipo de poda realizada, siendo una actividad cultural dentro de las buenas prácticas agrícolas, estipulada en las Normas Técnicas Peruanas (2021) y fue adaptada a las condiciones del cultivo evaluado. Los tratamientos en cuestión se detallan a continuación (Cuadro 1).
De acuerdo con el cuadro anterior, es necesario especificar que una poda convencional implica la remoción de ramas o brotes no deseados (ramillas) desde la base de la planta. Por otro lado, las tirasavias son ramillas dejadas cerca del corte para ayudar a la cicatrización (Redagrícola, 2020; Maticorena-Quispe y Escobedo-Álvarez, 2024).
A continuación, se describen los parámetros evaluados en la investigación, los cuales se basaron en la metodología establecida por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SNSA, 2019).
Se evaluó el porcentaje plantas por tratamiento donde se registró la afectación de la enfermedad, realizándose al término de cinco semanas luego de la poda, mediante la siguiente ecuación.
Al término de la cuarta semana, se realizó una poda de limpieza en todas las plantas de cada tratamiento y el control (T0). Después de tres semanas, se evaluó el crecimiento de los brotes en centímetros, lo que permitió detectar el efecto fisiológico de las estrategias de poda sobre la capacidad de rebrote del cultivo y su relación indirecta con la incidencia de Lasiodiplodia spp., dada su preferencia por tejidos debilitados o dañados.
Para la evaluación de incidencia y variación en longitud de brotes en longitud de brotes, se aplicó un diseño aleatoriamente al azar (DCA), con cinco tratamientos y un control. Luego, se aplicó la prueba de Duncan para la comparación de efectos; todo ello a un nivel de significancia de 0.05. Para el procesamiento de los datos, se utilizó el programa IBM SPSS Statistics versión 26 así como Microsoft Excel Professional Plus 2019.
A continuación, se muestran los resultados del procesamiento estadístico, para la incidencia de Lasiodiplodia spp. en arándano (Figura 3).
De acuerdo con lo exhibido en la Figura 3, se observaron diferencias significativas entre el tratamiento T5 y los tratamientos T1 y el T0; sin embargo, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los otros tratamientos. El tratamiento T5, caracterizado por una poda más drástica (40 cm de tamaño de planta, sin hojas, sin tirasavias y con limpieza de ramas pequeñas), presentó la mayor incidencia de Lasiodiplodia spp. Por lo contrario, los tratamientos T0 y T1, que conservaron hojas y dos o más tirasavias, presentaron la menor incidencia de la enfermedad.
Relacionado a este parámetro, se muestran los resultados de acuerdo con el procesamiento estadístico efectuado (Figura 4).
De acuerdo con lo expresado en la Figura 4, los tratamientos T2 y T4 presentaron elongaciones mayores con diferencias significativas respecto a los tratamientos T1 y T0. Sin embargo, no se hallaron diferencias significativas con los tratamientos T3 y T5. Por su parte, el tratamiento T0 tampoco presentó diferencias estadísticamente significativas frente a los tratamientos T5 y T1, lo que sugiere que una poda menos agresiva no estimula significativamente la elongación de brotes
A razón de los resultados exhibidos en la sección anterior, los tratamientos T0 y T1, que conservaron hojas y tirasavias, obtuvieron una forma de barrera física que pudo reducir la penetración y colonización de Lasiodiplodia spp., en los tejidos cortados o expuestos de la planta, considerando que la forma de dispersión del fitopatógeno se realiza mediante las esporas contenidas en los picnidios, las cuales son transportadas por el viento (Moreira-Morrillo et al., 2021). Por otro lado, el dejar hojas y tirasavias puede estimular una respuesta defensiva. Las heridas de poda pueden activar mecanismos de defensa local y sistémica en la planta cuando se conserva biomasa, como hojas y tallos, lo cual favorece una mejor respuesta fisiológica frente al patógeno ya que puede promover la producción de compuestos fenólicos, fitohormonas y proteínas de defensa que limitan o evitan una colonización del patógeno (Camacho-Escobar et al., 2020).
En los tratamientos sin hojas ni tirasavias, las heridas de poda quedaron más expuestas a la desecación y a condiciones ambientales adversas (Camacho-Tapia et al., 2021). La desecación de los tejidos cortados puede debilitar la capacidad de la planta para formar barreras físicas y químicas efectivas contra la invasión de patógenos (Delgado-Oramas, 2020). El estrés causado por la poda severa en las especies vegetales también puede favorecer la incidencia del Lasiodiplodia spp., en este punto, la planta se vuelve susceptible al ataque del patógeno, como sucede en otros cultivos como el limón Persa (Citrus latifolia Tan.) (Leyva-Mir et al., 2021).
Las podas agresivas también fomentan el crecimiento de nuevos brotes, ya que la planta dirige los fotosintatos a las zonas que las requieren, lo que puede ser llamado eficiencia fotosintética (Orozco-Orozco et al., 2022). La aparición de brotes tiernos puede favorecer la infestación de Lasiodiplodia spp., como se observa en estudios de cacao, donde el patógeno, ya instalado en la planta, afecta ramillas jóvenes (Moreira-Morrillo et al., 2021). Otro de los problemas que puede afectar al cultivo de arándano son, precisamente, las podas mal realizadas, como se evidencia en este estudio, donde los tratamientos con mayor incidencia fueron aquellos desprovistos del material vegetal de forma total o parcial. Esto se debe a que la planta pierde estructuras fotosintéticas para generar energía y contrarrestar los efectos del patógeno (Rascón-Solano et al., 2020).
Con relación al desarrollo de los brotes, se obtuvo un mayor crecimiento en longitud, en los tratamientos con podas más agresivas, lo cual concuerda con la capacidad de las plantas para regenerarse a causa de un estrés severo (Valverde-Otárola y Arias, 2020). Por el contrario, aquellas plantas que conservaron hojas y tirasavias mostraron un crecimiento más equilibrado, mientras que las sometidas a podas agresivas redirigieron sus recursos hacia nuevos brotes en respuesta al estrés (Valenzuela-Erazo, 2020; Deloire et al., 2022). Este efecto se debe al aumento de citoquininas, hormonas que estimulan la brotación y favorecen el desarrollo de brotes vegetativos en condiciones favorables (Carnelos et al., 2022).
Los tratamientos que conservaron hojas y tirasavias presentaron una menor incidencia, lo cual sugiere que estos órganos actúan como una barrera física que limita la penetración de esporas del patógeno Lasiodiplodia spp., en los tejidos expuestos, siendo los tratamientos T0 y T1 los que obtuvieron mejores resultados. Además, la conservación de estos órganos vegetales activa parece favorecer una respuesta fisiológica de defensa, al activar mecanismos como la producción de compuestos fenólicos y hormonas, que fortalecen la resistencia de la planta.
En contraste, las podas severas, caracterizadas por la eliminación total de hojas y tirasavias, incrementaron la incidencia del patógeno, posiblemente debido a una mayor exposición de las heridas y una menor capacidad inicial de defensa. No obstante, estas podas inducen un crecimiento más vigoroso de brotes, como respuesta compensatoria al estrés, lo que se reflejó en mayores tasas de elongación, debido a la reorientación de recursos y la producción de hormonas de crecimiento.
Por último, se observó que la conservación parcial de órganos vegetativos permitió un crecimiento más equilibrado, al mantener la actividad fotosintética y distribuyendo de manera más uniforme los recursos. Estos hallazgos permitieron sugerir que una poda moderada, que conserva parte de biomasa, puede ser más eficiente en términos de sanidad y desarrollo vegetal.
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